Volver a empezaaar, otra vez.

Siempre he sentido que el inicio de año se da más en septiembre que en enero. No es solo por la vuelta al cole, que yo ya he dejado muuuchos años atrás, sino que verano me parece más un punto de inflexión que el invierno. La gente vuelve de ese limbo entre vacaciones, piscina y casas en el pueblo, estén trabajando o no, se va yendo un poco el calor —a ver si es verdad—, con el que también se va una depresión estacional de la que mucha gente no habla, y los negocios vuelven a su cauce natural. Incluso el literario, que aunque debería ser más arte que mercado, no deja de ser otra industria más salvo por algunos disidentes.

En mi caso, he vivido muchos cambios este verano. Eventos canónicos, si lo preferís. He tenido que adaptar mi plan de futuro tanto de corto a largo plazo y, como mucha gente hace cuando está cucú bananas, me he volcado en mi trabajo. No, el de paisano no, el de escribir, ese que no da ni un duro pero con el que sufres Síndrome de Estocolmo porque me gusta, pero me asusta, me libera, pero también me encarcela. Vosotros me entendéis, ¿no?

Ten paciencia, te prometo que este artículo va a terminar en algo bonito, pero primero me permito desahogarme: no estoy feliz con cómo me ha tratado el mundo editorial. No por culpa de los profesionales con los que he trabajado, que han sido muchos y muy buenos en lo suyo, ni de lo que escribo, porque quiero confiar en mi experiencia, cualidades y creatividad —¡que sí, hostia! ¡dilo, tata! ¡convéncete hasta que te lo creas!—, ni por mis anteriores publicaciones. Creo que no me equivoco si afirmo que una gran mayoría está cansada. Cansada de la industria, de luchar contra titanes, de que les den menos que cobre a precio de diamante, de que el nicho tenga cabida solo cuando no molesta o cuando, ocasionalmente, se encuentra una mina que explotar hasta que no quede nada más que burnout y hastío.

Admiro mucho a mis compis de profesión, pero con todo el exceso de información, al final me siento un cero a la izquierda. Este problema es mío y solo mío. Quiero decir, que muchos os sentiréis igual que yo, como que todo el mundo avanza menos tú, pero eso, al final, es nuestra percepción y tenemos que mirar a los demás no con envidia, sino con respeto e inspiración. Me parece importante recalcar esto, porque también sufro el desgaste de tener que leer movidas de reojo cada vez que se anuncian convocatorias, nuevas publicaciones, nuevos fichajes. Yo quiero escribir, ya está, no ponerme el gorrito de aluminio y señalar teorías conspiranoicas sobre seguidores y contactos. Mi gente: el mundo se ha movido siempre así, es una forma de alcanzar objetivos. No quita mérito ni trabajo. Luego ya, lo que sea cada caso individual, me da igual y estoy demasiado ocupada leyendo sobre mis blorbos como para importarme eso.

A lo que quiero llegar con este desahogo esporádico, es que ya está. C’est fini. I’m done. No quiero aspirar a algo que me va a quitar las ganas de escribir, ni de crear. Antes de que alguien se disguste o se frote las manitas: ¡no voy a dejar el mundo literario! ¡Qué va! Digo que, en este punto de mi vida, creo que voy a probar a ir por mi propio camino. Seguiré peleando, pero despacito, en silencio y con mis propias reglas. En un futuro… ¡ya se verá! Pero estoy feliz con mis editoriales independientes, mis proyectos de casita, pasarle los capítulos que escribo a mis amiguis que, al final, sus comentarios son las reseñas que más me hacen feliz.

Sobre todo, y supongo que este es el verdadero anuncio, he decidido que voy a probar la autopublicación. Llevo tiempo hablando con gente de confianza, tanteando el terreno, hablando de ello, y, oye, me apetece un montón. Me da susto, claro, porque es una cosa que tú te lo guisas, tú te lo comes, pero también hay mucha gente bonita dispuesta a ayudarte. Además, como ya he dicho, confío en mis historias. No sé cómo saldrá esto, y seguiré participando en las convocatorias que vea, pero hay muchas historias que tengo escritas que quiero que salgan bajo mis propios términos. Si decidís acompañarme en esta aventura, os lo agradeceré mucho. Si, por lo que sea, porque no estáis cuerdos, vosotres también confiáis en mis libros, entonces nos leeremos muy pronto.

Como, además, me considero autor versátil, me he tomado la libertad de hacer mis propios «sellos» para distinguir los géneros que tengo pensados publicar. Son provisionales, pero para que os hagáis a la idea. ¿Os parecen cuquis de cojones? Decidme que son cuquis de cojones.

Por lo demás, solo tengo que deciros que ningún camino es lineal. Que siempre hay bifurcaciones, ramitas que te llevan a otro lado, y que, si alguna vez te ves sin salida, no te preocupes. Es frustrante, pero desanda lo andado y encontrarás otras rutas escondidas que igual son más largas, pero también más escénicas.

¡Nos leemos, mi gente!

Eli Macías
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